Perú atraviesa una etapa ascendente de un evento climático poco común, conocido como Años de San Andrés o Llampayec, el cual viene rompiendo los esquemas meteorológicos habituales del país. Así lo señaló el consultor climático Ulises Osorio, quien advirtió que desde 2022 el comportamiento del clima muestra señales inusuales que afectan tanto a los ecosistemas marinos como a la actividad agrícola.
Según explicó, el clima peruano suele estar marcado por el fenómeno ENOS y por la interacción entre anticiclones y centros de baja presión. Sin embargo, en los últimos años se han registrado alteraciones evidentes en el desarrollo de plantas, peces y cultivos.
Cambios visibles desde 2022 en agricultura y pesca
Osorio detalló que, a partir de enero de 2022, comenzaron a observarse comportamientos inesperados. Por ejemplo, cultivos como el mango mostraron rendimientos favorables. Mientras que la anchoveta presentó una reducción en su crecimiento. Además, se detectó la presencia de especies marinas en zonas y tamaños poco habituales.
En 2023, el aumento sostenido de la temperatura superficial del mar generó impactos simultáneos en cultivos de clima frío y cálido. Además, modificó la distribución y conducta de diversas especies marinas.
Lluvias atípicas marcaron los años 2024 y 2025
El escenario se volvió aún más complejo en 2024. Pese a que se proyectaba un fenómeno de El Niño de gran intensidad, las lluvias esperadas no se materializaron. En su lugar, la aparición de un núcleo ciclónico conocido como Yaku provocó precipitaciones inusuales, mientras que los cultivos alcanzaron niveles de producción por encima de lo previsto.
Durante 2025, la convergencia de varios sistemas de baja presión derivó en lluvias históricas, incluso superiores a las registradas en episodios extraordinarios de El Niño. No obstante, las plantas no respondieron conforme a los patrones climáticos tradicionales. Esto, evidenció un comportamiento anómalo del sistema productivo.
Productores pequeños enfrentan mayor vulnerabilidad
Frente a este panorama, Osorio advirtió que la continuidad de prácticas agrícolas convencionales podría perjudicar especialmente a los pequeños y medianos productores, quienes carecen de asesoría técnica especializada para adaptarse a estos cambios.
En contraste, las empresas agroexportadoras han logrado mitigar parte de los impactos gracias a equipos técnicos y estrategias de manejo más avanzadas, aunque el consultor señaló que incluso estas organizaciones aún no comprenden plenamente la magnitud del fenómeno climático.
Mayor estrés climático previsto para 2026
De cara a 2026, el especialista anticipó un nuevo incremento de la temperatura del mar a partir de marzo o abril. Ello, elevará el estrés abiótico en los cultivos. Ante eso, subrayó la necesidad de preparar las plantas con anticipación y contar con un servicio agroclimático preciso y preventivo.
Finalmente, Osorio remarcó que la ciencia todavía no ofrece respuestas concluyentes frente a esta anomalía climática y que, por ahora, el análisis técnico y la experiencia de especialistas resultan claves para orientar al sector agrícola.














